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15/03/2016 23:35:49


El malestar docente es un trastorno adaptativo asociado a un inadecuado afrontamiento de las demandas psicológicas del trabajo que daña la calidad de vida de la persona que lo padece, disminuye la respuesta personal y repercute negativamente en la calidad de la enseñanza. La siguiente guía tiene como objetivo dar una panorámica sobre el burnout en el ámbito docente y aportar herramientas para la prevención y afrontamiento de situaciones de estrés laboral del profesorado, así como el desarrollo de altos niveles de resiliencia, todo desde un enfoque multidisciplinar. ¡Esperamos que les sea de utilidad!

Les dejo el índice y la introducción para que vean de que se trata.
Al final del post el link para ver o descargar.


ÍNDICE

Introducción.

Cap. #1: Orientaciones educativas para prevenir el  malestar docente 

Cap. #2: El malestar docente: estrés, mobbing,  burnout 

Cap. #3: Formación versus rechazo tecnológico. De las  causas a las consecuencias de la tecnofobia 

Cap. #4: Resiliencia y Burnout

Cap. #5: El aspecto psicológico y emocional del  Burnout y del Estrés 

Cap. #6: Burnout, flujo y comunicación no verbal  

Cap. #7: El desarrollo profesional en el marco institucional 

Cap. #8: Condiciones sociales en las que se ejerce la docencia que afectan a la actividad del profesorado: Una perspectiva social del malestar docente 

Cap. #9: Aprender a Enseñar. Los cimientos de la  identidad profesional 

Cap. #10 Técnicas de autocuidado para prevenir el  burnout


INTRODUCCIÓN

El burnout o malestar docente no es un tema anticuado o que haya  quedado en el olvido, antes al contrario, no deja de ser objeto de constantes  de investigaciones desde el establecimiento del término por Freudemberger en 1974; aunque diez años antes, se relatan los mismos síntomas en investigaciones  de lo que más tarde se denominaría síndrome del profesor  quemado, desgaste profesional, malestar docente o síndrome burnout. 

Según Freudenberger (1974) suele aparecer en las profesiones que se  mantienen relaciones interpersonales en términos de ayuda, consejo o enseñanza,  que terminan afectando al ámbito emocional del trabajador (profesorado de cualquier nivel académico, médicos, enfermeros…). Aunque  el estrés es bueno en pequeñas dosis, los efectos de un estrés crónico, tanto físico como psicológico, pueden llevar a disminuir la productividad y la calidad de vida de la persona. 

Este síndrome se ha convertido en un problema social y de salud  pública. Tras varias sentencias, la más importante fue la del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco del 2 de noviembre de 1999, ya que abrió la puerta al establecimiento de este síndrome como accidente laboral. 

Estos acontecimientos en la jurisprudencia reconocen la existencia  de unos factores de riesgo objetivos, frente a los cuales cabría esperar planes  de prevención, evaluación y tratamiento adecuados. Aun así, no se toman  medidas preventivas a nivel formativo de aplicación a docentes en activo ni al futuro profesorado en su formación inicial. Diversas investigaciones ponen de manifiesto que los profesores experimentan una creciente tensión en su labor diaria que hace, del todo necesaria, una cultura preventiva con un enfoque global, es decir, desde el punto de vista físico, psíquico y psicosocial, (Esteve, 1988, 1994, 1997, 2001 y 2003; Álvarez y Fernández, 1991; Manassero et al., 1999; Guerrero, 2000, Duran, 2001). 

La formación inicial, como prevención, es fundamental para hacer  reales las expectativas del futuro docente. La toma de conciencia de las dificultades reales a las que han de enfrentarse en su desempeño profesional evitan las frustraciones sobrevenidas en el desarrollo de su labor y preparan al alumnado a enfrentar las dificultades sin desanimo. Por otra parte es un periodo importante para tomar conciencia de que la formación inicial solo nos ha de poner en camino de seguir aprendiendo a lo largo de toda la vida  profesional, como una exigencia deontológica y una evidencia científica sobrevenida por la aceleración del cambio social demandas y realidades nuevas que se nos presentan: educación inclusiva, interculturalidad, idiomas, igualdad de género, nuevas tecnologías, nuevos modos de enseñar y aprender, nuevos escenarios para el aprendizaje, trabajo en red, etc. ( Zabalza, 2006).

Algunos profesionales se ven forzados a implicarse durante muchas  horas en los problemas y preocupaciones de las personas con las que realizan su actividad laboral. Este es el caso de los docentes en general, cuya relación profesional se centra en el niño o el adolescente y sufren con sus problemas, dificultades e inquietudes. Esta interacción, situada en un determinado entorno: la escuela, con sus peculiaridades y complejidades, puede generar sentimientos ambiguos y respuestas contradictorias y frustrantes.  El ejercicio continuado de la función docente en tales condiciones, va  creando una acumulación de sensaciones, así como un desgaste personal, que puede conducir al estrés crónico y comportar el cansancio emocional y, finalmente, el estado definido como agotado, “quemado”, síndrome de burnout o malestar del docente. 

En definitiva, con respecto al malestar docente, podemos decir que  se trata de un trastorno adaptativo asociado a un inadecuado afrontamiento de las demandas psicológicas del trabajo que daña la calidad de vida de la persona que lo padece, disminuye la respuesta personal y repercute negativamente en la calidad de la enseñanza (Mingote, 1998; Manassero, 1994), es por esto que supone un reto el aprendizaje de técnicas, estrategias y actitudes para saber afrontar posibles situaciones de riesgo en nuestro devenir profesional.


Noemí Serrano Díaz 
Coordinadora del Proyecto de Acciones Avaladas 
UNIVERSIDAD DE CÁDIZ





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Comentarios

Marta Bertossi 16/03/2016 00:14:56

Gracias Antonio Hernandez! :)


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